Hombres fuera de serie: la televisión dejó de ser idiota


En la noche del 10 de enero de 1999 un personaje gordo y feo, con cara de pocos amigos se sumergió sonriendo a la alberca de su casa. Estaba feliz porque ahí había llegado una familia de patos a vivir y esa pequeña acción que nadie de su familia entendía estaba por cambiarle la vida.

El asunto es que no sólo le cambió la vida a ese personaje, el estreno de The Sopranos transformó la existencia de muchísima más gente de la que parece. Esta serie es la punta de lanza de la tercera época de oro de la televisión, tal como lo afirma Brett Martin en su extraordinario libro Difficult Men, titulado en la traducción al español como Hombres fuera de serie.

Este libro no se lee, se absorbe, se bebe, se vuelve una adicción. Te deja colgado, es como un programa de televisión; como ver una serie en Netflix, esa obsesión que te mantiene todo un fin de semana encerrado hasta llegar al último capítulo. Es, si algo así puede existir, entretenimiento inteligente en palabras. Televisión para los adictos a la lectura.

El libro analiza a profundidad series fundamentales en la última revolución televisiva: The Sopranos, The Wire y Breaking Bad, las dos primeras como las pioneras y la última como heredera.

Pero no se queda ahí, también repasa otros programas de televisión. Esta tres series y otras que siguieron el mismo camino, como Six Feet Under, Weeds, Carnivále, The Shield, Dexter, True Blood, Big Love, Mad Men, Sons of Anarchy, Rome, Boardwalk Empire, Game of Thrones, Damages, Deadwood, Homeland, The Walking Dead y otras más, tienen ciertas características similares: todas siguen una nueva estructura formal; tienen temporadas cortas, algunas incluso son de seis o nueve capítulos; están escritas con mucho más cuidado por escritores o dramaturgos, no tanto por guionistas; sus creadores buscan minimizar el riesgo económico jugándosela con la creatividad. El resultado es una “columnata elevada en la que cada episodio es un ladrillo sólido y satisfactorio, pero también parte de un arco de una temporada de duración, que a su vez, permanecía ligado a otras temporadas para formar una obra de arte coherente e independiente”.

Con esas palabras el autor define una nueva manera de contar historias que incluye a una serie de personajes complejos, llenos de duplicidades y dispuestos a pasar por encima de todos con tal de lograr sus deseos. Es justo a este tipo de carácter a lo que Brett Martin llama hombres difíciles. Cada uno de los protagonistas de esta nueva etapa en la televisión son individuos que “dan rienda suelta a instintos más salvajes y luchan por mantenerlos encerrados”. Tony Soprano con su terapeuta, Jimmy McNulty y su búsqueda de la sobriedad, Walter White y la doble vida como Heisenberg, Don Draper y su pasado oculto que pocos conocen.

Es un libro que explica cómo se construye una serie de televisión que se asemeja al cine en su factura y producción. Las dificultades para encontrar un guion que rompa esquemas y pueda lograr que el gran público televisivo conecte con personajes políticamente incorrectos, moralmente reprobables y emocionalmente inestables.

Este libro, que se puede leer casi como una novela de no ficción, muestra los entresijos de las producciones televisivas. Narra cómo los actores de las diferentes series se vieron afectados por los personajes que interpretaban. Explica la dificultad en encontrar locaciones, lograr el realismo tanto en sus diálogos como en cada uno de los detalles de la filmación.

También cuenta lo obsesivos que son los creadores. Desde el genio detrás de The Wire, como es David Simon, quien estaba al tanto de cada acción y se obsesionaba con el realismo, hasta Matthew Weiner, inventor de Mad Men y que guardó el guion de su serie durante cuatro años hasta que consiguió crearla como él deseaba.

Además de los creadores, el autor también explora el mundo de los actores. Podemos leer la relación de cada intérprete con su personaje y la manera en que perturbó a cada uno, desde un alcoholismo ficticio que terminó siendo real, hasta la vergüenza de andar mal vestido todo el día porque así lo requiere el carácter.

Pero no sólo se trata de abordar un medio que puede convertir las historias en arte, también el autor sabe que la televisión es un negocio y encuentra cuáles fueron los factores económicos que consiguieron que cada una de estas series pudiera producirse. Esto queda claro al citar a David Simon: “Para conseguir que una novela aparezca en la lista de best sellers del New York Times, tienes que vender cien mil ejemplares. Una serie de la HBO con una audiencia discreta atrae a tres o cuatro millones de espectadores a la semana. Diez veces más.”

Es un libro que demuestra que la televisión ha ganado la partida y es la forma dominante para contar historias, pero también explica que es posible crear contenidos de calidad que además satisfagan las exigencia del cinéfilo o el lector. Al final, lo que nos agrada a todos es el relato en sí, que a alguien le pase algo y nosotros disfrutemos para alejarnos de nuestras vidas un poco cada día.

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