¿Qué pasa en Tyson?

Por: La redacción

En 2013 comenzaron a darse fuertes tensiones al interior de Tyson Foods de México, ubicada en el municipio de Gómez Palacio y considerada como la segunda productora de carne de pollo en el país, después de Bachoco. Los cambios de administración y eventualmente la compra de la empresa en 2014 por el conglomerado brasileño JBS, han traído consecuencias desfavorables para empleados y aparceros, que protestan ante un capitalismo salvaje que busca a toda costa el incremento de productividad sin tomar en cuenta derechos laborales y las condiciones específicas de la región.

Por muchos años Tyson mantuvo un sistema de trabajo, a través de aparcerías, mediante el cual granjeros particulares o agrupados en asociaciones ejidales se convirtieron exitosamente en productores de pollo, a partir de los insumos que se les proporcionaban, poniendo la mano de obra, las instalaciones, la luz, el gas y otros insumos como el aserrín.

Más del 90% de la producción de pollo de Tyson (3.5 millones de pollos por semana), se genera en La Laguna a través de un esquema de maquila con un poco menos de 200 aparceros o granjeros del sector privado y ejidal, algunos de ellos desde hace 20 años.

Todo parecía caminar exitosamente entre la empresa y sus aparceros, quienes trabajan bajo un contrato que compromete a ambas partes, pero a mediados de 2013 se incorporó a la empresa un grupo de funcionarios de origen brasileño, y ahí comenzaron los problemas.

El nuevo equipo de administración, que desconocía la región y las políticas con las que se venía trabajando, cambió el esquema de vacunación, lo que se tradujo en un mayor porcentaje de mortandad en los pollos y un incremento en los medicamentos; esto se convirtió en mermas para los granjeros, originando un castigo económico.

Hubo otros cambios perjudiciales. La exigencia de la cama de aserrín de los pollos fue de cuatro centímetros de espesor a siete, provocando el encarecimiento del aserrín en la región, que pasó de 11 mil hasta 20 mil pesos por cada tráiler; esto causó que la polinaza, que se vendía como fertilizante a productores de la región, ya no pudiera comercializarse por tener demasiado aserrín, provocando otra pérdida.

Siguieron las tensiones, lo que dio origen a la formación de la Asociación de Engordadores de Pollo de la Comarca Lagunera de Coahuila y Durango, que interpuso una queja formal ante los directivos de Tyson en los Estados Unidos de Norteamérica, obteniendo una respuesta positiva y la devolución de las cantidades que indebidamente les habían sido retenidas, como “castigo”, además de la revisión de las condiciones.

A partir de esta situación se generaron muchos problemas para un grupo de al menos 42 aparceros, quienes se atrevieron a protestar por la situación que vino a imponer el equipo brasileño.
Tyson lanzó en el 2013 una convocatoria para contratar granjas de clima controlado, que implican casetas con más avances tecnológicos y costos mucho más altos, además de un consumo de agua 4 o 5 veces mayor. Estos requerimientos están fuera de las posibilidades  de la mayoría de los granjeros que estaban y están dando buenos rendimientos, porque estas nuevas granjas no han mostrado un cambio significativo en los resultados. Además, existe el delicado antecedente de que Tyson incumplió con sus contratos establecidos con sus productores, lo que hace incierta y riesgosa la inversión para trabajar en aparcería con la empresa trasnacional.


LA VENTA DE LA EMPRESA

En junio de 2014 se dio el anuncio oficial de que la empresa brasileña de alimentos JBS, la mayor procesadora de carne en el mundo, cerró un acuerdo para la compra de Tyson Foods en México y en Brasil por 575 millones de dólares.

JBS informó que las operaciones de Tyson en México serian adquiridas por Pilgrim´s Pride, cuyo accionista mayoritario es JBS USA Holding.

Con la compra de las operaciones de Tyson de México, Pilgrim´s Pride estima una generación adicional de ingresos cercana a los 650 millones de dólares al año, mientras que los negocios en Brasil deberían aumentar los ingresos anuales de JBS cerca de 350 millones de dólares.

Entonces se declaró que “al concluir la transacción JBS y Pilgrim´s, esperan mantener las operaciones funcionando con la capacidad necesaria para conservar la mano de obra empleada”.

A partir de ahí comenzó un cambio en el manejo interno de lo que fuera Tyson en la región lagunera de Coahuila y Durango, generándose una tensión laboral cada vez más fuerte debido a las exigencias de “productividad” por parte de los nuevos dueños brasileños. La tensión estalló el pasado martes 23 de junio, cuando 300 empleados de la planta La Popular, suspendieron labores para exigir su liquidación, como consecuencia de la venta de Tyson a Pilgrim´s Pride, quejándose de sueldos raquíticos y de hostigamiento laboral, lo mismo que le había ocurrido a los aparceros el año pasado.

Hermilo de Jesús Peralta, el líder sindical  que hace las veces de secretario general de Plantas Avícolas por parte de la CTM local, negó que existan anomalías laborales, afirmando que la sustitución de la empresa no afectará los salarios ni las prestaciones de los trabajadores. Sin embargo, ya hace meses se viene dando este problema, pues una gran parte de los trabajadores inconformes tienen laborando en la planta más de 10 años.

En los días siguientes los trabajadores siguieron manifestándose, algo del todo inusual dentro del medio laboral de Gómez Palacio y de la región lagunera de Durango, donde hace ya muchos años que no se daba un conflicto dentro de una empresa grande, menos dentro de Tyson. Es indudable que el cambio del manejo administrativo y operativo a manos de Pilgrim´s Pride ha modificado las condiciones de trabajo y que Hermilo de Jesús Peralta, como líder sindical, ha sido incompetente para resolver la situación; esto ha propiciado la aparición de dirigentes políticos conflictivos, ajenos  y de muy mala reputación, como un Abundio Ramírez Vázquez, experredista y ahora dirigente de un pequeño partido político, lo que puede desvirtuar del todo la protesta obrera que se está dando dentro de Tyson; asunto que ha sido posible sólo por la incompetencia de los dirigentes sindicales, habituados a una tradición de “charrismo” en la región.

De una u otra forma el conflicto deberá resolverse, pero nuevamente los propietarios de la empresa brasileña JBS muestran intransigencia, falta de sensibilidad laboral y convierten un problema de trabajo en un problema de carácter político. Por lo expuesto por varios voceros entre el grupo de trabajadores inconformes, quienes tienen toda una trayectoria en la empresa, es evidente que las condiciones de trabajo al interior de las plantas de la empresa no son las más adecuadas, además de que se han endurecido el trato y las condiciones, en busca de una “productividad” que es resultado de un capitalismo salvaje, que busca una utilidad desmesurada.      



Comentarios

Entradas populares