Senadores y diputados: por lo cómodo y el sueldazo

Por: La redacción

¿Qué motiva a un político a convertirse en diputado federal o en senador de la República? En teoría debería ser la disposición de servicio público y su capacidad para legislar (hacer leyes que beneficien a la sociedad), pero en realidad las diputaciones y las senadurías son puestos políticos muy codiciados por el ingreso que representan, además de lo cómodo del trabajo que se desempeña, que sólo abarca unos días de la semana y una parte del año, con grandes periodos de descanso, que son acompañados por viajes frecuentes a distintos destinos del país y del extranjero, con todos los gastos pagados por la misma Cámara de Diputados o por el Senado de la República.

De acuerdo al Presupuesto de Egresos de la Federación, un diputado federal recibe al año un ingreso de 2 millones 802 mil 342 pesos, lo que significa que en el periodo de tres años un legislador federal percibe 8 millones 406 mil 972 pesos, lo que explica lo codiciado de estos cargos, una buena parte de los cuales se asigna por los propios partidos, sin que haya necesidad de acudir a una elección ciudadana: son las denominadas diputaciones plurinominales, sobre las cuales hay un consenso generalizado de que ya deberían ser suprimidas, pero los políticos se oponen a ello por razones obvias.

Los ingresos anuales de los diputados federales se componen de la siguiente manera: un millón 264 mil 536 pesos de sueldo base (105 mil 378 pesos); 640 mil 312 en prestaciones como seguro de vida, seguro de muerte de un familiar, seguro privado de gastos médicos, boletos de avión para trasladarse a su lugar de origen, tarjetas para circular en autopistas sin ningún costo, ayuda de despensa, entre otros; 549 mil 432 pesos por concepto de asistencia legislativa (45 mil 786 pesos mensuales), que se supone serán destinados a contratar personal de apoyo, asesoría y pagar otros servicios, pero que en la práctica se limitan a una secretaria, como máximo, pues hay diputados que no cuentan con ningún tipo de personal; finalmente reciben 345 mil 264 pesos (28 mil 772 pesos mensuales) para atención ciudadana, esto es para que realicen acciones de gestoría en sus respectivos distritos, a los cuales la abrumadora mayoría nunca regresa durante todo su periodo de tres años, a menos que estén en busca de algún otro cargo público.

Todo ha sido previsto para que los gastos de estancia en la ciudad de México sean cargados al erario público. Por ejemplo, un diputado recibe anualmente 33 mil 360 pesos en vales de despensa, lo que les cubre un gasto de 185 pesos diarios durante un periodo de 15 días, que es ordinariamente el periodo de estancia al mes que permanece en el Distrito Federal un diputado.

Para aminorar gastos la mayoría renta un departamento pequeño durante los tres años que durará su periodo, el cual, junto con las comidas que realice en restaurantes y considerando los vales de despensa, le representa un gasto no superior a los 10 mil pesos mensuales, pues los boletos de avión son cubiertos por la Cámara, como ya se indicó anteriormente.

Pero todavía hay más. Los diputados federales reciben adicionalmente “bonos” y “premios” por otorgar su voto a la aprobación de determinadas de leyes. Por ejemplo, el año pasado el diputado Ricardo Monreal Ávila, coordinador parlamentario de Movimiento Ciudadano (MC), denunció que los grupos parlamentarios habían recibido subvenciones especiales por varios millones de pesos, sin que hubiera necesidad de incrementar los recursos a las bancadas. Además, el hecho de que la entrega de esos recursos coincidiera con la aprobación de las reformas estructurales, movía a la sospecha de que era un “bono” por aprobar las enmiendas que más le interesaban al presidente Enrique Peña Nieto.


UN POBRE DESEMPEÑO

Recientemente fueron publicados los resultados de la medición de Borde Político, un portal que le da puntual seguimiento al desempeño de los legisladores y califica su actuación, con base en varios parámetros: un 35% en iniciativas presentadas, 10% por acuerdos logrados; 25% desempeño en el debate y 30% de calificación de sus usuarios. Adicionalmente se toma en cuenta la influencia de los legisladores en medios digitales y se resta un puntaje por inasistencia.

De los legisladores coahuilenses evaluados por Borde Político, los panistas Guillermo Anaya Llamas y Marcelo Torres Cofiño, ambos laguneros, ocuparon los sitios 124 y 101 respectivamente, de un total de 500 legisladores.

José Luis Flores Méndez, priista y también lagunero, exalcalde de San Pedro de las Colonias, se encuentra ubicado en el sitio 152, con un 100% de asistencias; pero el también priista y exalcalde de Torreón, Salomón Juan Marcos Issa, ha tenido un desempeño desastroso en sus funciones legislativas, ocupando el lugar 417 de 500, lo que muestra su ineficiencia en iniciativas, acuerdos logrados, desempeño en el debate y asistencia a sus labores, sencillamente no parece tener el mínimo interés en el quehacer legislativo, sino en la posesión del cargo para mantenerse activo políticamente. Su tiempo lo dedica a sus actividades empresariales.

Sólo Ricardo Mejía Berdeja, lagunero también y diputado por Movimiento Ciudadano (MC) está dentro de la lista de los cien primeros entre los 500. Tiene, entre lo más relevante, 93 iniciativas y 205 puntos de acuerdo, pero una asistencia de sólo el 88%, debido en parte a su activismo político dentro de MC en el estado de Guerrero, donde se encuentra trabajando dentro de las campañas político-electorales de su partido y ha logrado, para seguir en el presupuesto público, ser designado como diputado local plurinominal por aquel estado, lo que le dará un ingreso por tres años más. De ganar Luis Walton la gubernatura en Guerrero por el MC, tendría por lo menos seis años asegurados dentro del presupuesto.

El Senado se compone tan solo de 128 miembros, de los cuales 32 son plurinominales, a diferencia de la Cámara de Diputados que se compone por 500 legisladores. De los dos senadores laguneros, quienes perciben ingresos casi paralelos a los de un diputado federal, sólo que multiplicados por seis años, Luis Fernando Salazar Fernández estaba bien posicionado en los diferentes renglones, pero como ya lo había anticipado Revista de Coahuila, el también lagunero y senador plurinominal Braulio Fernández Aguirre, está ubicado en los últimos lugares, algo equivalente a la situación que tiene Salomón Juan Marcos Issa, lo que significa que además de percibir tan desmesurados ingresos, considerando la pobreza en la que vive la mayoría de los mexicanos, muchos legisladores no hacen su relajado trabajo y tienen los cargos para la subsistencia política. En el caso de estos dos últimos, ambos son empresarios y poseen importantes capitales, no necesitan realmente del ingreso, por lo que ocupar una legislatura va del capricho a la inmunidad que confiere el tener el cargo, pero nada tiene que ver con la naturaleza social propia del mismo.

Es un hecho absurdo que 200 de los 500 diputados federales sean plurinominales, lo que significa que se trata de 200 políticos de los diferentes partidos que son asignados, no por el voto popular sino por intereses y acomodos de carácter personal y político al interior de las camarillas. De los 128 senadores 32 son de representación plurinominal, y es un cargo que dura seis años, tanto como una gubernatura.
En el caso de los dos senadores laguneros: Luis Fernando Salazar Fernández ganó una elección, junto con Silvia Garza, de la región norte, pero Braulio Fernández Aguirre, consciente de que no puede ganar una elección popular, se colocó en el primer lugar de la lista para ser designado plurinominal, mientras que la otra senadora priista, Hilda Flores Escalera, fue colocada en el lugar número 10 de los 15 senadores que le corresponden al PRI a nivel nacional, entrando también como plurinominal. Hoy desea ser la primera gobernadora de Coahuila y está en campaña, algo que sería imposible sin el desahogado ritmo de trabajo del Senado de la República.

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