Oop bop sh' bam: el bebop rescata al jazz



Eran los cuarenta y el swing se había convertido en el negocio musical más grande del momento. Poco le faltó para que algún oportunista registrara la palabra y comenzara a cobrar por su uso. Todo tipo de artículos llevaban la palabra swing en su nombre comercial, desde dulces hasta películas. Pero como en otras ocasiones dentro del jazz, cuando un estilo se ha comercializado tan descaradamente, el péndulo se mueve hacia la otra orilla, la tendencia corre en sentido contrario. Así fue como nació un estilo, apenas esbozado en Kansas City y en los pequeños locales de Harlem, como el Minton´s Playhouse, ubicado en el 210 West de la calle 118. 



No se puede afirmar que fue una creación consciente ni premeditada, sino que poco a poco fue tomando forma. Ya desde el final de la Segunda Guerra Mundial algunos músicos habían sentido la necesidad de alejarse del swing: el trompetista Roy Eldridge, el saxofonista Lester Young, el guitarrista Charlie Christian (autor de muchas melodías robadas descaradamente por su jefe Benny Goodman) y el contrabajista Jimmy Blanton (padre del bajo andante -walking bass- e integrante de la orquesta de Duke Ellington) demostraban con sus improvisaciones que el jazz tenía que moverse o se le daría la carta de defunción.

El bebop recibió su nombre directamente de la música. La palabra es una onomatopeya de un intervalo muy popular entonces: la quinta disminuida descendente. Si se canta la palabra  bebop se forma automáticamente. Para no faltar a la verdad, esta explicación fue proporcionada por Dizzy Gillespie, uno de los trompetistas más importantes del bebop, y es igual de creíble como otras que se han dado.  La quinta disminuida también fue utilizada por Duke Ellington o por el pianista Willie “The Lion” Smith, pero antes del bebop su uso era considerado como equivocado o disonante. Así es como el jazz demuestra que los límites son para destruirse.

Otra característica del bebop son las frases frenéticas y nerviosas, metales haciendo lo que parecen ser meros fragmentos melódicos. Aunque estas frases nerviosas hoy parecerán formas equilibradas, en aquellos años esto era nuevo. Es la música de las abreviaturas, se eliminaba todo lo que se sobreentendía, así muchas de esas frases se convierten en la clave para mayores desarrollos musicales.

Las improvisaciones están enmarcadas entre un tema inicial y su repetición al final, tocado al unísono por dos instrumentos de viento, la mayoría de las ocasiones, una trompeta y un saxofón. Después del tema se desgranaban una sucesión de solos seguidos por intercambios de cuatro u ocho compases con la batería, para regresar al tema inicial y después un final abrupto.

Dizzy Gillespie
El nuevo estilo resultó una experiencia muy exigente no solamente para el músico, sino para la audiencia. Era difícil seguir a una sección rítmica que redefinió su papel; ya no se tocaban los cuatro tiempos del swing, ahora el ritmo era tan complejo porque obligaba a los demás instrumentos a establecer la velocidad al mismo tiempo que interactuaban entre sí con golpes fuera del ritmo, todo esto para empujar a los solistas, quienes debían casi perseguir al baterista.

Otra característica del bebop era la improvisación sobre ritmos rapidísimos que exigían una habilidad técnica excepcional, separando las notas en los solos y presumiendo saltos de octava, además de incluir  nuevos giros armónicos muy complicados. Había una razón para todo lo anterior y era que a los jam sessions podrían acercarse músicos mediocres; con estas transformaciones se aseguraba la calidad de las sesiones.

El estilo produjo una cantidad impresionante de buenos músicos: el pianista Thelonious Monk, el baterista Kenny Clarke, el guitarrista Charlie Christian, el trompetista Dizzy Gillespie y el saxo alto Charlie Parker, genio del jazz moderno. También andaban por ahí el otro gran trompetista Miles Davis, el baterista Max Roach, el contrabajista Oscar Pettiford, Billy Eckstine y su banda, el trompetista Fats Navarro, el saxofonista tenor Charlie Ventura, el pianista Bud Powell, el saxo barítono Stan Getz y el tenor Zoot Sims. Casi todos vestían trajes de chaquetas largas, hombros anchos y pantalones de pinzas abombados, sombreros de ala ancha, boinas, tonos oscuros y barbas en forma de candados. También varios de ellos eran adictos a drogas fuertes. Por ejemplo, Charlie Parker no pudo nunca dejar la heroína.

El bebop tuvo también sus detractores, para algunos era una música amenazante: Louie Armstrong afirmó que “el bebop es una música destructora”, además de bautizarla como “música jiu-jitsu”. Otro músico del estilo Chicago, Eddie Condon, fue más bien humorístico, él decía: “Nosotros no bajamos de tono nuestras quintas, nos las bebemos”.  La quinta como término musical y como medida equivalente a 0.757 litros. O sea la medida de un poco de whisky.

Aunque la actitud de los músicos y del bebop es quizá anárquica, la mayor parte del repertorio se basaba en la música anterior al swing. Lo que hacían los músicos era tomar una pieza pop y transformarla, complicándola y liberándola. Por ejemplo, Antrhopology está basada en I Got Rhythm, Bird Of Paradise en All The Things You Are. Así otras tantas: Marmaduke en Honeysuckle Rose, Ornithology en How High The Moon, Donna Lee en Indiana, Hot House en What Is This Thing Called Love?, Groovin’ High en Whispering, Bird Gets The Worm en Lover Come Back To Me.
Finalmente esta era una música para escuchar, las pistas de baile fueron inundadas por las mesas y las sillas, no solamente se trataba de tocar con ritmo sino de expandir las posibilidades armónicas y melódicas del jazz. Es este estilo, quizá, el primer jazz de protesta. Es por eso que solamente tuvo una década de vida. Las estructuras a veces ingenuamente sobrecargadas, los clichés armónicos y la dificultad para comercializar esta música acabaron con ella a finales de los cincuenta, aunque su influencia se sentirá en la música durante el resto del siglo y más.


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