Hasta que nos amanezca: la vida nocturna de aquellos años.


En los 70’s el baile era de lo más concurrido y aceptado por toda la raza. Una forma de comunicación, vivencia y un gran cotorreo. En un principio el rock se bailaba: el rock de Elvis, Hendrix, Doors, Janis, Grand Funk, Zeppelin, Deep Purple, Chicago, Blood Sweet and Tears, Mandril, War, KC and teh Sunshine Band; pero también se le daba entrada al rock nacional que estaba en su apogeo: Bandido, Enigma, Ciruela, Toncho, Three Souls, Dug Dugs, Árbol, Náhuatl, Tinta Blanca. Así eran las discos en La Laguna, hasta que todo pasó de moda, hasta que la muerte inútil se metió con nuestra vida nocturna.

La raza se ajuareaba de atuendos extraordinarios, una vestimenta muy ad hoc para ir a los escenarios que la Comarca Lagunera: era necesario llevar pantalones de campana, que podías comprar en el Descontòn de La Alianza, o en Milano; un buen cinto a la cadera con una enorme hebilla redonda del símbolo de amor y paz, la raza se acomodaba el cinto de tal forma que la hebilla estuviera en un costado, no en el centro. La zapatería más famosa de los 70s fue la Canadá; hubo varias en la Comarca, allí estaban los modelos chidos para el baile y la moda a Gò Gò, los Ringo, Los Sorpaso y los Exorcista, modelos que desaparecieron al igual que las Canadá. Playeras ajustadas de cuello alargado o camisas de manta, terlenka o seda, Clover  decían en la tv, la piel del lobo.

Entonces ya la raza lista para el baile, las tardeadas fueron de lo más increíble, un buen ambiente y buena música, la alberca Esparza por ejemplo: en el corazón de la colonia Moderna, un lugar de esparcimiento sano donde se abría de lunes a domingo; de lunes a viernes era para darse el chapuzón  y ligar alguna chava, el sábado sacaban a la concurrencia desde las 2 de la tarde pues empezaban las tardeadas rocanroleras a las 3 y acababa a las 9 de la noche en santa calma (una que otra bronquilla leve sin consecuencias fatales), el domingo era de boleros, chachachá, danzón y mambo tocado por las orquestas que en esos tiempos rifaban: Beto Díaz, los Yenkas, la comparsa universitaria, que allí tocaba mi tío Alfonso y los Babys Rock del buen Toño Mireles; los domingos era para gente grande y educada de sombrero y traje, las damas iban con vestidos de noche y tacón alto. Bonitos tiempos y buenos ritmos, acababa la noche y el sonido  lo más tarde a las diez. Nunca hubo quejas de los vecinos. Los taxis Plymouth, Ford y Chevrolet del 58 a la puerta para llevar a los comensales bailarines y bailarinas a sus hogares.

Enfrente del bosque, por la Cuauhtémoc, estaban las famosas Palmas, un salón para bailar buena música. Allí tocaban los Golden de vez en cuando. También podías escuchar en sus principios la música disco, tocada en 3 tornamesas Garrard y un gran amplificador Fisher. Las Palmas era un gran salón con árboles en su patio donde estaban los grupos en vivo y las enormes bocinas para darle sonido al ambiente Lagunero; se abría de jueves a domingo, había tardeadas y cerraban hasta las 12 de la noche. Más de diez veces fui a bailar Abba, Donna Summer, Bee Gees, y todo el sonido esférico luminoso discotequero.

Torreón vivía una calma y tranquilidad como nunca en otros tiempos. Por la Juárez y Comonfort en la mera esquina estaba un punto donde se reunía raza de todas las edades a darle al tacón y al piso. En La terraza Riviera se encontraba el gran “Botas”, el bailarín que todas querían, perseguido por la chota  y el “canica” (un poli gordo que extorcionaba a quien pudiera). En esos tiempos el “Botas” se refugiaba en ese centro de baile y para confundirse se vestía de mil formas, a veces llegaba con sombrero de copa y antifaz, a veces de pirata, de marino y hasta de gendarme, un personaje único, pero había que verlo bailar, todos los ritmos, con una sagacidad y agilidad increíbles, maromas y saltos como de espadachín salido de una película de Bruce Lee. En fin buen ambiente y un excelente sonido a cargo del Trópico del Amor, comandado por Bettin y Federico Neri, que mucho tiempo después formarían parte de Apache. La Riviera abría sus puertas de miércoles a sábado; hubo tardeadas y fiestas particulares, de vez en cuando broncas, pues llegaba raza de las colonias ligadas al cerro de las Noas; pero un buen sitio para mover la osamenta y ligar alguna madre soltera, ayudante doméstica o mujer en busca de emociones fuertes. Se vendía la Cruz Blanca como si fuera agua de horchata, semillas, muéganos y marinas caseras; antes no era común ver burreros, se veían vendedores de huevos cocidos, tripa torcida, chicharrón con salsa casera y lonches de queso de puerco, buenos precios y ambiente. En la parte de abajo durante un buen tiempo estuvo el famoso Drive inn, donde te ofrecían una variedad de botanas con un extraordinario sabor, acompañado de tu cerveza favorita, desde las 2 en punto; el Drive cerró, pero la terraza siguió de pie, hasta que la cerraron por vender dulces y golosinas de mala procedencia.

El Crazy Horse, la disco de todos, la primera en la comarca, empezó con tardeadas de llenos totales, pues manejaba un repertorio musical muy internacional, sobre la Rodríguez entre Matamoros y Morelos, allí sigue, un buen lugar para bailar Oldies, repertorio actual muy escogido de jueves a domingo con precios baras y un buen sistema viejo de tornamesas para discos de 33 y 45 revoluciones. En los 70’s se llenaba de personal del seguro social y de las tiendas departamentales de esos tiempos: la Popular, Aga Descuento, Pryca y la Soriana.

En aquellos ayeres hubo excelentes discotecas. Una de ellas fue el Sahara, en el hotel Paraíso del Desierto, siempre a la vanguardia del visitante; el Sahara ofrecía pistas de acrílico movibles de colores, enormes esferas y un impresionante sonido, luz y humo para creer que estabas en el Studio 52; cerró sus puertas y música en los 80s para dar paso a la modernidad hotelera nada más. En el oriente de la ciudad se alzaba como vigilante de la Laguna el Hotel Presidente, allí se encontraba en la parte de abajo una disco famosa por traer excelentes grupos en vivo de la popularidad que en ese momento destacaba, Enanos Verdes, La Torre, Betsy Peccanins, Laurano Brizuela, Rostros Ocultos, el TRI, Mecano, etc; también daba cabida a agrupaciones de la región como La Clase, Gente Omega y Fragua, ambiente muy descontrolado por tanta iluminación y ruido, pero buen relax, aunque no se utilizó para tardeadas.

Las tardes calurosas de verano en Torreón eran de lumbre y sudor, pero eso no les importaba a los que iban al Jardín de los Cipreses, que fue uno de los lugares mas concurridos de la raza nice de Torreón Jardín.

Otro lugar nice, y también especial para las famosas tardeadas era el Club Sertoma, auspiciado en esos tiempos por el Club Rotario y empresarios que pretendían hacer sus fiestas privadas. Ambientes más tradicionales que no le permitían la entrada a vendedores.

Pero la onda era disco, el tiempo avanzaba,  dejando huellas, pasión y música, había que bailar: Dancing Queen sonaba en la radio de todos.

En Disco Oh! se hicieron concursos cuando aquel programa conducido por Fito Girón, llamado Fiebre del sábado por la noche. Esta disco rosa se abarrotó de toda la comunidad gay de esos tiempos, con sus zapatos de suelas de colores marca Crayons. Un hombre, apodado “El incansable Manolo” ganaba todos los concursos. Disco Oh! se mecía entre el bien y el mal, empezaba a las 6 de la tarde y acababa hasta el otro día. Los pleitos recurrentes hicieron que se cerrara para siempre.

Me acuerdo de Sabbath, una disco selecta por el Blvd. Revolución casi en la entrada a Torreón Jardín: muy espaciosa con una decoración para gente de gusto refinado. Jamás hubo tardeadas, sólo la disco y algunas presentaciones especiales como Lupita D`Lessio, María Conchita Alonzo y un gran número de artistas que hicieron mella en los corazones rotos de la raza apasionada. Los precios no eran muy baratos y tenía valet parking. Se cerró a principios de los 80s.

Girella, un lugar muy especial para darle rienda suelta al baile y seguir la juerga hasta la mañana, se ubicaba por el Blvd. Independencia a la altura de Hipermart.

Pykiu, disco grande con espacios para bailar y mesas minimalistas, buena decoración y tardeadas universitarias. Allí toco Roby Draco Rosa, los cacos empezaron hacer de las suyas, pues era una Disco lejana y había una gran afluencia de gente, sobre todo la que venia de Matamoros Coah. La Disco la cerró a mediados de los 80s. Las nuevas generaciones de la vida nocturna recordarán el nombre por el breve tiempo en que reabrió sus puertas a principios de este siglo.

Me voy a Gómez Palacio, porque también en Gómez había fuego en la pista. En el Blvd. Miguel Alemán, a un costado de Sears, se fundó una de las mas grandes y antiguas Discos, Abelardos, con rocolas sincronizadas y en sintonía con el Dj. Era verdaderamente fascinante entrar y escuchar el sonido Motown, así le llamaron los especialistas. Abelardos te recibía con regalos, rosas, chocolates, bebidas de colores, confeti, globos, serpentinas y gorros; era una fiesta que no era fácil olvidar. Recuerdo cómo bailé a los Idus de Marzo con su rola Vehículo, Venus de Shocking Blue, Suggar Suggar de los Archies, Yellow River y más. Qué días, qué tardes y qué noches de júbilo, emoción y amor por el baile. Después se llamó Pizza Piazza, luego Laguna Planet, Laguna Vieja y se acabó en el 2000.

Gómez tuvo discos importantes como Flamingos, sobre la Victoria entre Amado Nervo y Justo Sierra, antes de llegar a Soriana. Esta Disco fue de categoría para la raza Gomezpalatina, muy extenso repertorio setentero y ochentero, hubieron muchas tardeadas, fiestas privadas y eventos donde se anunciaba el Travesti Show de Shakira internacional. Flamingos poseía uno de los mejores Dj El “Nene Ponce”, que bailaba entre las mesas con un micrófono inalámbrico de diadema, alborotaba a toda la concurrencia, y originaba tremendos zafarranchos entre las damas que disputaban la compañía del Dj del amor. La Disco cerró momentáneamente y volvió abrir para darle paso a la música norteña, banda y corridos.

Cinco cuadras más adelante, por la misma Victoria, se encontraba un lugar raro para bailar, un lugar misterioso y complicado por la gente que lo frecuentaba, lleno de pleitos y muertes, Cactus, de dos pisos y con un pésimo repertorio musical, por allí tocaban bandas gomezpalatinas, Trigger, Tarot y Hammer. Esta disco cerró tras la llegada de una conocida  farmacia que compró el terreno.

En Lerdo la noche estrellada y rockera abría sus brazos para recibir a la gente que llegaba de distintas partes de la republica. Circus era un excelente lugar donde se bailaba y escuchaba muy buena música. Hubo mil tardeadas. Circus manejaba cuidadosamente a su personal, pues era parte del famoso hotel Villa Jardin. Recuerdo ver bailar a muchos arriba de las mesas, y grupos de rock del momento mostrar su material, Cristal y Acero, Megaton, Crazy Lazy y Vértigo. El lugar se mantuvo en llenos totales. Dentro del mismo estacionamiento donde se ubicaba Circus, pero del otro lado más cerca del hotel, estaba Ramses, una Disco más grande y menos juvenil, que abría desde las 7 de la tarde hasta las 6 de la mañana; después se llamo Amnesia, donde se te olvidaba todo al salir con el sol del otro día. Se vivía aun un clima tranquilo y apacible.


LA MUERTE NOCTURNA

En los 90s y el año 2000 la cosa empieza a cambiar de forma y música. Algunos lugares cerraron para siempre, otros permanecieron al alba de toda situación comprometedora ante la llegada del susodicho crimen organizado. Se abrieron lugares para lavar dinero y obtener ganancias y público, pues la música ya era otra: cumbia, corrido y banda sinaloense, lírica atiborrada de balazos, decapitaciones, desamor y traición, ajuste de cuentas y corridos para los cárteles, que dominaban las plazas, esto llegó de tal forma que todos los lugares se llenaron de la raza loca que estaba de acuerdo con esta forma de vivir. En la última década, la vida nocturna cambió de golpe en La Laguna gracias a la violencia que afectó a todos los estratos sociales, incluso en su entretenimiento.

En Torreón, Los Rieles, dentro del Intermall, con 3 escenarios, 3 bandas a la vez, un manejo estruendoso de sonido, luz y humo para confundirse y no saber quién eres, desde las 9 de la noche hasta nunca acabar, llegaron bandas de todo el país, Banda Limón, La Tracalosa, y Banda El Perico desde Culiacán. El lugar cerró para siempre, pero aún queda el inmueble con sus fantasmas laborales.
Por la Águila Nacional se ubicaba un lugar casi al borde de la calle, pues se podía ver todo el alboroto desde afuera, El Ferri, con VIP, y un escenario de cáscara de nuez al fondo. Este lugar duró dos años, pues recordaremos que en el 2010 se sucitó ahí una de las más cruentas balaceras a nivel nacional. El Ferri tenía música variada, ese maléfico día se escuchaba la rola de corte electrónico Testo Inferno, cuando arremetieron al lugar los contras desde afuera, cientos de balas. Un amigo mío cuenta: “parecía una lluvia de meteoritos pequeños, yo me refugié de tal forma que no me tocó nada, pero de repente empezaron a caer sobre mí cuerpos, pedazos de cuerpos, y me vi prácticamente bañado en sangre.” El lugar perdurará con un olor permanente a muerte lagunera.

Las Juanas. Otro lugar al borde la calle por la Saltillo 400 no llegó a tener éxito pues el día de su inauguración fue baleado, llevándose a más de 15. Los diarios siempre han dicho cifras mas bajas, esto es para no expandir la información veraz y no promover el pánico en la ciudadanía, con música de banda, el Juanas apenas alcanzó a dar su respiro de recién nacido.

El Tornado, lugar para bailar exclusivamente música norteña y de banda, en ese lugar me contaron que si no ibas con sombrero y botas no te dejaban entrar, llenos totales de jueves a sábado, música en vivo y concursos tipo Acábatelo un mal sábado llega la muerte en camionetas blancas, rodean el lugar y entran drogados y alcoholizados para terminar una de las noches mas sangrientas de la historia comarcana, quien sabe cuantas almas se llevaron, otro amigo, pero taxista decía: “era un diluvio de balas de todos los calibres y colores, los gritos y alaridos aun los tengo en mi cabeza, me retumban los sentidos cuando son casi las 2 de la madrugada de los sábados, fue espantoso, aun se puede ver la ultima letra del abecedario pintada con sangre”.

 Se acabaron las tardeadas y las discotecas sanas, se acabó el rocanrol y llegó el ruido. Se terminaron las décadas de la paz y la abundancia del respeto al derecho ajeno y a la integridad física.

Así el recuerdo de aquellos Torreón, Gómez y Lerdo donde reinaban las discotecas clásicas, quedó cimbrado en lugares como el Barullo, El Clásico, El Var, Don Quintín, Quinta Italia, y otros tantos lugares más en los que en ese sexenio panista muchísima gente inocente, gente que iba a divertirse, músicos que iban a trabajar y que terminaron muriendo la vida nocturna. RC

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