El caso de Jorge Zermeño (o cómo servirse de lo público)

Por: Álvaro González

A sus 66 años, Jorge Zermeño Infante, exalcalde de Torreón, está buscando ser por tercera ocasión diputado federal, pues ya lo fue en la LV Legislatura, de 1991 a 1994, y posteriormente en el 2006, puesto que abandonó para recibir el favor presidencial de convertirse en embajador de México en España, cargo que ocupó hasta el año 2011; siendo también senador de la República de 2000 a 2006. De ganar en esta elección de junio, podrá completar 15 años como legislador ante la Cámara de Diputados y el Senado de la República, algo que muy pocos políticos han gozado a lo largo de sus carreras públicas.

Ser diputado o senador implica, en teoría, la gran responsabilidad de generar las leyes que rigen al país, pero en la práctica está considerado como una gran canonjía política por los grandes sueldos y todas las prestaciones que implica. Integrando sueldos, ingresos por “atención ciudadana”, viáticos, seguros de vida, seguros de gastos médicos privados, aguinaldo, boletos de avión, vales de despensa, tarjetas especiales para circular en autopistas de peaje sin costo alguno, más gratificaciones especiales, un diputado federal percibe mensualmente más de 200 mil pesos de ingresos libres de impuestos, un sueldo que está reservado a los directores de empresas grandes y a los secretarios de estado del gabinete federal, cuando más de la mitad de la población de este país se encuentra en condiciones de pobreza, con ingresos miserables que les permiten apenas la sobrevivencia diaria.

Si el sueldo es enorme, el trabajo es muy ligero. Se trabaja sólo media semana y únicamente durante los periodos de sesiones, lo que permite atender otros negocios o actividades profesionales, así como tomar periodos muy largos de vacaciones cada año, muchos de los cuales se convierten en viajes con los gastos pagados por la misma Cámara de Diputados, como asistencia a reuniones muy diversas, congresos y “comisiones” que surgen con una infinidad de motivos. Estos viajes no sólo son nacionales: viajar por el extranjero es de lo más común para la mayoría de los legisladores. En suma una vida dorada si se considera las condiciones en que viven la mayoría de los mexicanos.

Jorge Zermeño Infante, quien es originario de la ciudad de México y se avecindó en Torreón en los años setenta como distribuidor de la marca de aceites Bardhal de México, ha podido vivir de la política desde hace por lo menos 24 años, al convertirse, por inducción de su primera esposa, en político profesional, lo que le cambió su vida personal, y, sobretodo, su vida económica.


LOS AÑOS DORADOS

Después de ser diputado federal de 1991 a 1994, Jorge Zermeño Infante tuvo la oportunidad de alcanzar la presidencia municipal de Torreón para el periodo de 1996 a 1999, como resultado de una coyuntura política que se origina en el fallido gobierno del priista Mariano López Mercado, ya fallecido. De acuerdo a la crónica periodística de su función de gobierno, que fue seguida por todos los medios de la región lagunera, entre ellos Revista de Coahuila, su desempeño fue calificado apenas como regular, y esto se reflejó en las urnas de manera contundente en el mismo año de 1999, cuando su contendiente priista de la elección de 1996, Salomón Juan Marcos Issa, se vuelve a presentar y gana la nueva contienda, evidenciando que la ciudadanía en su mayor parte tenía una baja apreciación de lo que había sido el primer gobierno panista en la historia del municipio. Sin embargo, Jorge Zermeño ya se había posicionado como el más importante político panista de la región lagunera al interior del PAN, lo que le permite convertirse en senador de la República e iniciar así el periodo de la docena presidencial panista, encabezada por Vicente Fox y Felipe Calderón.

A finales de 2006, al terminar su periodo como senador de la República, Zermeño Infante decidió contraer segundas nupcias, esta vez con Astrid Casale, una modesta conductora de una televisora local  pero casi 30 años más joven que él. El futuro era resplandeciente; el PAN ya había ganado el segundo periodo presidencial y él estaba en los mejores términos con el nuevo presidente de la República, de hecho ya era diputado federal y, como panista, estaba destinado a ocupar la presidencia de la Cámara de Diputados para presidir la ceremonia de toma de posesión de Felipe Calderón Hinojosa.

La nueva esposa de Jorge Zermeño vendría a darle a su vida un toque de pretensión social del cual hasta entonces carecía, ya que él provenía de una familia capitalina de clase media baja y toda su vida había transcurrido en la clase media, al principio con muchos apuros. Astrid Casale era también una muchacha de clase media con una carrera profesional incipiente, pero con un agravio personal con la clase alta local y muchas pretensiones sociales y económicas. Pronto mostraría que tenía la firme disposición de cobrar esos agravios y esas penurias pasadas, para convertirse en una señora de clase social alta, por lo menos al nivel de la clase alta de una sociedad regional lagunera.

Después de que Jorge Zermeño presidiera la polémica y problemática ceremonia de toma de posesión de Felipe Calderón Hinojosa, Astrid Casale comenzó a preparar su boda. La revista Hola, considerada como la publicación de sociales y cotilleo más importante de habla hispana, le concedió a la pareja la portada del 1ro. de febrero de 2007, con un despliegue de cinco páginas a interiores, donde se cuentan los pormenores de lo que era, como todo lo que esta revista presenta, una relación de “ensueño”, que debe haber costado bastante dinero, pero el dinero era lo que menos escaseaba.


En la entrevista ella cuenta a Hola! cómo fue que le pidió la mano su amado.
“El doce de agosto pasado (2006) estábamos en una cena en Cancún, con motivo del final de la legislatura del Senado, y pidieron a Jorge que dirigiera a todos unas palabras. Después de saludarlos, dijo: “Antes que nada quiero presentarles a Astrid Casale, mi novia, y próximamente, si ella quiere, nos vamos a casar”. ¡Yo no sabía nada! Fue tan emocionante que se me hizo un nudo en la garganta. Jorge, tan prudente, tan serio, tan discreto, ¡cómo se había animado a decir eso delante de tanta gente! Yo estaba realmente emocionada. Cuando terminó de hablar, aquello más bien parecía una recepción de bodas, pues todos se acercaron a felicitarnos. La gente me preguntaba: ‘¿Y cuándo será la boda?’. ¡No sé, si acabo de enterarme!, les decía feliz. Cuando la cena terminó, nos fuimos a caminar por la playa y me preguntó si estaba feliz. ¡Cómo no iba a estarlo! No paré de llorar en toda la noche.”

Así, en una reunión en Cancún, por supuesto pagada por el presupuesto del Senado de la República y en medio de un evento político, continuaban los años dorados; su nueva vida matrimonial y, próximamente, un periodo de ensueño en España. Todos cumplidos con cargo al erario público. A la boda asistió el presidente de la República y su esposa. Los testigos del novio fueron Diego Fernández de Cevallos y Ricardo García Cervantes. Todo político para no variar.

Jorge Zepeda Patterson escribió pocos días antes del evento nupcial, en su columna de opinión Apostillas:
“Ni la boda de Vicentillo Fox ni la de los hijos de Marta Sahagún adquirieron la resonancia de la que se celebrará este viernes. Quizá porque la pareja fue la portada del último número de la revista Hola!; o quizá porque se trata del típico matrimonio de segunda vuelta (58 años de él, 32 de ella); o quizá porque se trata del hombre del momento luego de los berrinches y malos ratos por los que pasó, haciendo lo imposible para que Calderón rindiera protesta como Presidente. Lo cierto se que la boda se ha convertido en asunto de chunga para la clase política. La mesa de regalos colocada en la página de Liverpool permite saber hasta el último detalle cuales son los gustos de la pareja y lo que habrá de contener el baño de su recámara nupcial. En total aún quedan 170 artículos con un valor total de $555,855.98 es decir un precio promedio de $3,270 por regalo. Pero no te preocupes si quieres quedar bien con el representante del pueblo, hay opciones para todos los bolsillos. Desde un bowl para la cocina de $99, hasta una sala Bulgary de $32,990, una televisión de $25,999 o un centro de entretenimiento de $29,900. A dos días de la boda encontré que cualquiera de los artículos todavía está disponibles para su compra. ¿Fue demasiado optimista la pareja? ¿Para que querrán los recién casados tres cámaras digitales? ¿Qué le regalarías tú a Jorge Zermeño?”.

Ya en la entrevista con Hola!, Casale había dejado entrever que Jorge Zermeño “recibiría un encargo y ella lo seguiría a donde fuera”.

Sin ninguna experiencia parlamentaria, sin una formación diplomática mínima, sin hablar más que el idioma español, Zermeño Infante le pidió a Felipe Calderón que le concediera la embajada de México en España. Calderón estaba en deuda y dio la orden: Jorge se convirtió en embajador de la República ante España por cinco años, casi hasta el final del periodo presidencial de Felipe Calderón, mientras La Laguna vivía un infierno de violencia y descomposición social, por la guerra contra el narcotráfico emprendida por el mismo Calderón.

Ya habituada a la revistas del corazón y en un despliegue imprudente de publicidad, Astrid Casale se encargó de publicar en la misma revista ¡Hola! cómo es que vivía en España el embajador y su familia, con todo un alarde de pretensión, lo que provocó un escándalo entre los opositores del panismo quienes, con bastante razón, consideraron que la designación de Jorge Zermeño era injustificable y la vida que llevaba, por demás común dentro de ciertos medios diplomáticos, era insultante para los mexicanos pobres. Casale se encargó de añadir detalles como la clínica donde tendría a su primera hija de Zermeño (en la cual se atendían personalidades de la realeza española como la princesa Leticia), entre otras ostentaciones, como el aparecer con ropa y zapatos exclusivos, de diseñador, y en general con atuendos carísimos, todos ellos propios de la sociedad más adinerada de Madrid.


Era evidente que Jorge Zermeño había dejado de ser un servidor público, como lo fue muy probablemente en su periodo como presidente municipal de Torreón, para servirse de lo público, lo que le distanció de una gran parte de las bases de su propio partido en Torreón, pues además se ausentó de la región para radicarse en el Distrito Federal por lo menos 11 o 12 años.

De su estancia en España y ya terminada la decena presidencial panista, regresó a Torreón. Todo mundo pensó que para vivir su retiro, pero no: en 2013 estaba de nuevo tratando de ser por segunda ocasión presidente municipal de Torreón, pero los cuadros del panismo habían cambiado y le dijeron que no; que había una nueva generación a la que le tocaban ahora las oportunidades, lo que provocó su cólera.

Hoy, después de una negociación interna, Jorge Zermeño ha vuelto al escenario político como candidato a diputado federal por el VI Distrito, contendiendo contra José Refugio Sandoval, de la alianza PVEM-PRI, un muchacho que bien podría ser, por edad, su hijo. La contienda evidentemente se ve dispareja entre un político que lo ha sido todo, incluida la candidatura a la gubernatura del estado, contra un contendiente que sólo ha sido diputado local.

Públicamente Zermeño ha declarado que en ésta ocasión sí terminará su periodo de tres años como diputado federal, lo que le descartaría de otras posibles candidaturas, como la de la presidencia municipal y la gubernatura en 2017. Para entonces ya tendría 70 años de edad, una edad más que adecuada para el retiro, falta ver lo que realmente pase por la mente de este hombre al que el servicio público le ha dado todo, incluido un patrimonio económico que le permitirá vivir con absoluto desahogo hasta el último día de su vida.


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