WHIPLASH (o cómo echar a perder el jazz)

Por: Daniel Herrera

Charlie Parker tenía 16 años, apenas comenzaba a explorar su propio sonido y no lograba encajar en los grupos de jazz de la época. Era 1936 y Parker había conseguido tocar en una jam session con Jo Jones, baterista de Count Basie, y otros músicos experimentados. Tenía que hacerlo bien, su carrera como músico apenas comenzaba y le faltaba experiencia. Nada de prodigio en esa época: se aceleraba, buscaba sobresalir y se equivocaba. Esa noche Parker se adelantó un compás. Tal vez estaba nervioso o tal vez no escuchaba a los demás. Pero es un hecho que este error desagradó a sus compañeros porque siguió tocando sin corregirse. Así que para llamarle la atención, Jo Jones hizo sonar unas campanas que eran parte de su equipo. Parker no se dio por enterado. Jones lo hizo de nuevo. Parker siguió tocando. Entonces, desesperado, el baterista tomó un platillo y lo arrojó a los pies del saxofonista. Parker saltó sorprendido y dejó de tocar. Todos en el lugar gritaron y rieron de buena gana. El saxofonista salió del escenario avergonzado y la noche continuó sin sobresaltos.

La anterior anécdota es contada de muy diferente forma por el actor J.K. Simmons protagonizando al profesor Terrence Fletcher en la película Whiplash. En ella, el personaje cuenta la misma historia, (el platillo volando para callar a Parker), pero le agrega una perspectiva siniestra: lo que quería Jo Jones, en realidad, era rebanarle el cuello al saxofonista. Siendo esta anécdota fundamental para toda la película, puedo afirmar que desde aquí hasta el final de la cinta el director y guionista Damien Chazelle, retrata con profundo desconocimiento no sólo el jazz, sino también la música y su estudio. Algo extraño de entender ya que el mismo director fue estudiante de música durante una temporada cuando era adolescente.

Advierto que esta crítica explica momentos fundamentales de la película e incluso su final. Si usted no desea saber lo que sucede en ella porque piensa verla pronto, le recomiendo que deje de leer en este instante, a menos de que la curiosidad le gane. Por otro lado, puede leer todo esto y obligarse a olvidarlo porque así de hábiles somos los humanos.

En fin, la anécdota narrada arriba se convierte en la piedra angular de la película. Sirve para justificar tanto el comportamiento de Terrence Fletcher como para poner a rodar las ambiciones del joven baterista Andrew Neiman, interpretado por Miles Teller.

El gran problema no sólo es que la historia de Parker está retorcida para encajar en el guion, sino que además implica que la única forma de llegar a la genialidad es a través del dolor y sufrimiento. Algo, por supuesto, muy alejado de lo que necesita un músico de jazz para expresarse.

Pero hay más, el joven baterista no parece tocar mucha batería. Lo hace al principio y en ciertos momentos se sienta solo en su cuarto y toca, pero no lo hace con otros. Se comporta como escritor en lugar de ser músico. No sólo se estudia en soledad, los músicos necesitan explorar sus habilidades con otros. Por eso la música es un arte que corre hacia la vida, se expone en el presente y necesita de los demás para existir. El escritor puede hacer todo su trabajo alejado de los demás, el músico no. Pero Chazelle, a través de sus personajes, afirma que Parker se encerró a estudiar todo un año. Falso, Parker siguió tocando con muchos músicos distintos después del incidente con Jo Jones.

Sigamos con las inconsistencias, no importa la rudeza de cualquier director de banda, si humilla a los músicos de esa manera jamás responderán de acuerdo a lo que espera. Es probable que abandonen y el director se quede moviendo su mano a la habitación vacía. Un argumento más, cuando un músico es agredido de la manera en que lo hace Fletcher, es probable que no sólo se cierre, sino que incluso su interpretación no sea ni exacta ni inspirada, pero el soundtrack de la película nos deja escuchar algo completamente distinto.

Otro error muy obvio es la obsesión del alumno Neiman por el baterista Buddy Rich, no Elvin Jones, ni el mismo Jo Jones ni Max Roach, no, el ruidoso y bastante limitado Buddy Rich, el showman atrás de la batería cuyos solos son igual de anodinos que los de Neiman en la película. ¿Por qué eligió al baterista menos apropiado? ¿Acaso es un mensaje que nos dice que lo que realmente quieren, tanto el profesor como el maestro, es el éxito por razones que no tienen que ver con la música? Además, ¿sólo estaba obsesionado con un baterista? Existen muchísimos músicos con algo que decir y Chazelle decide que su personaje tiene un horizonte musical pequeño como su autoestima. Ningún músico de jazz se queda con una figura y nada más, precisamente porque el estilo permite escuchar a todos los músicos posibles.

Pero, tal vez me equivoco, tal vez estoy observando otras cuestiones y el jazz sólo fue una excusa para hablar de una lucha de poder. Hagamos a un lado todo lo anterior, hagamos a un lado la absurda obsesión por la velocidad, las manos sangrantes que sólo son muestra de una mala técnica, incluso hagamos a un lado la posibilidad de que un platillo sude, vamos, que todo eso son herramientas para crear un nudo narrativo.

Entonces, nos quedaremos con dos características sobresalientes: la innegable gran actuación de J.K. Simmons que le mereció varios premios y un soundtrack excepcional. Lo demás es una celebración de la guerra, una obsesión norteamericana por despreciar la creatividad no agresiva. Incluso, en cierto momento, el personaje del profesor se parece muchísimo al sargento mayor Hartman de Full Metal Jacket, pero el asunto es que Kubrick estaba haciendo una dura crítica a la sociedad estadounidense y Chazelle convierte su película en una apología de la humillación, sobre todo al final, cuando el alumno decide enfrentar a su maestro y lo hace de tal manera que aquel queda orgulloso. La letra con sangre entra, nos dice Chazelle, y si no puedes terminarás hundido en el olvido. Todo eso te llevará al estrellato, muchacho, para que seas como Buddy Rich, sin talento pero famoso.

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