Nueva planta termoeléctrica: otro golpe al ecosistema de La Laguna

Por: Álvaro González

La Comisión Federal de Electricidad lanzó un nuevo programa de megainversiones que incluyen dos centrales eléctricas, dos gasoductos y una línea de transmisión, todos ubicados en el norte del país. La inversión es de 2 mil 807 millones de dólares, con todos los proyectos concesionados a particulares, dentro del esquema de la reforma energética.

El proyecto más grande es la termoeléctrica de ciclo combinado Norte III, que tendrá una capacidad de generación de 928 megawatts (MW) e implica una inversión de mil 28 millones de dólares. Se ubica en Ciudad Juárez, municipio de Lerdo, bajo la modalidad de productor externo de energía, mediante un contrato a 25 años con CFE; esto es que será construida, operada y explotada financieramente por la empresa particular Fermaca Pipeline El Encino. Sus dimensiones la ubicarán como el quinto complejo en su tipo en el país, y el más grande desde el 2007.

Junto a esta planta termoeléctrica se concesionó, a la misma empresa, el gasoducto El Encino-La Laguna, que transportará gas natural proveniente de la región de Waha, Texas y atravesará los estados de Chihuahua y Durango. Tendrá una longitud de 423 kilómetros y dará suministro a centrales eléctricas ubicadas tanto en el Norte-Noreste como en la región Centro-Occidente. La inversión estimada en su construcción es de 530 millones de dólares.

Junto a esta obra se construirá otro gasoducto, más pequeño pero muy relevante: el San Isidro-Samalayuca, que tendrá una longitud de 23 kilómetros y transportará gas natural desde Waha hasta la central Norte III. La inversión estimada es de 50 millones de dólares.

Enrique Ochoa Reza, director de CFE, y Jorge Herrera Caldera.
El anuncio de las obras ha sido festivo por parte del gobierno de Durango que encabeza Jorge Herrera Caldera, quien hizo el anuncio justo unos días antes de su cuarto y antepenúltimo informe de gobierno, como si se tratara de la obra del sexenio en la región lagunera, cuando en realidad es una inversión de carácter particular a través de la concesión de CFE. En medio de la festividad, Herrera Caldera comparó esta obra con la autopista Durango-Mazatlán, afirmando que ésta es menor comparada a los gasoductos y la termoeléctrica.

Anticipándose a lo que vendrá, los voceros de la empresa se adelantaron a declarar que la tecnología que se empleará será de ciclo combinado, la cual, por su características nuevas, es considerada como limpia y no agrede al medio ambiente, además de afirmar que los gasoductos, en su paso por La Laguna, afectarán a cerca de 400 campesinos ejidatarios, pero esto no es problema porque los ductos van enterrados a cierta profundidad, lo que no impide los trabajos agrícolas, algo que no es precisamente cierto, porque todo gasoducto tiene una zona de seguridad en la que no se puede escarbar ni hacer ningún tipo de perforaciones.


OTRA VEZ “VILLA JUAREZ”

Lo que han tratado de manejar con discreción, tanto la CFE como la empresa Fermaca Pipeline El Encino, es que nuevamente la Comisión Federal de Electricidad está tratando de imponer su voluntad de instalar una termoeléctrica, en este caso mucho más grande que la anterior, en el valle de Villa Juárez, considerado por los ambientalistas como una de las pocas reservas ecológicas con que cuenta La Laguna, porque en él se ubica una reserva del acuífero que se había mantenido a salvo de la sobreexplotación agroindustrial, pero fue trastocada por la termoeléctrica que se instaló, contra todas las opiniones y recomendaciones ecológicas, en Villa Juárez, donde explota el acuífero y contamina el ambiente del microclima.

La contaminación, en el caso de la actual termoeléctrica, se da de varias maneras. Primeramente está la explotación del acuífero en una zona del país donde el agua es escasa y debe racionarse al máximo su uso. Se argumenta que parte del agua se “recarga” al acuífero, pero se trata de agua que ha sido previamente calentada y evaporada, lo que altera su composición y alcalinidad natural. La alcalinidad del agua es precisamente el principal problema de la sobreexplotación de los acuíferos de La Laguna. Por otra parte se mantiene una emisión permanente de vapor de agua caliente al ambiente, más la polución del combustible que se emplea en el proceso tradicional, lo que ha tenido un impacto de varias décadas en el microclima del valle, afectando también a la salud de sus habitantes, cuando Lerdo es el municipio de la región lagunera que se consideraba tenía una mejor condición ambiental, comparado al grave deterioro que ha sufrido el resto de la región.

La nueva planta de ciclo combinado producirá casi 1,000 megawatts (MW), y la afirmación de que por su tecnología no atenta contra el ecosistema y la población no es cierta, de acuerdo al estudio de los especialistas que han seguido el impacto ambiental de plantas similares a la que se instalará. En este caso se emplea básicamente gas natural y agua, en un proceso muy sofisticado y barato, que ha sido seleccionado por los productores de electricidad por considerarlo altamente rentable, ya que además la construcción de la planta se puede realizar en un tiempo mucho más corto (tres años en promedio o hasta menos), lo que la hace un gran negocio si se maneja con esquemas como una concesión a 25 años, donde la CFE se obliga a consumir toda la energía que la planta pueda producir para revenderla a los usuarios.

De acuerdo al análisis del Panel Intergubernamental de expertos en Cambio Climático (IPCC), una planta de ciclo combinado puede tener fugas accidentales de metano (CH4), cuya potencia de calentamiento a 20 años es 56 veces mayor que el de una cantidad igual de CO2, bióxido de carbono. De acuerdo a las estimaciones, la tasa anual de este gas es del 0.6% y es responsable, aproximadamente, del 16% del calentamiento terrestre actual.

La Laguna ya tiene problema de emisiones significativas de gas metano por la concentración de la cuenca lechera, pero además una planta de ciclo combinado tiene el problema de la generación de óxidos de nitrógeno (NOx), por reacción directa del nitrógeno y el oxígeno del aire al elevarse la temperatura. Una central como la que se planea construir en Villa Juárez, de aproximadamente 1,000 MW, que funciona unas 6,600 horas equivalentes al año, emitiría cerca de 21,000 toneladas de esta sustancia.

Estas sustancias son también precursoras de la formación de ozono troposférico, un peligroso contaminante que está alcanzando valores alarmantes en la atmósfera. De acuerdo a las estimaciones del IPCC, se pueden superar los límites establecidos cuando las condiciones meteorológicas facilitan la formación (elevada insolación y temperatura ambiente) y, coincidentemente, las características climatológicas de la región lagunera son precisamente de elevada insolación y muy altas temperaturas.
“No es nada aventurado”, afirma el reporte del IPCC, “suponer que el caudal de emisión que representa una planta (de 1,000 MW de capacidad), agravará de forma significativa el fenómeno hasta convertirlo en un problema grave de difícil o imposible control. Se provocarán con ello daños significativos sobre la salud de quienes ahí habitan”.

Para el gobierno de Durango todo es festividad, lo mismo que para algunos funcionarios de la parte de Coahuila que no han analizado ni someramente el problema del impacto ambiental y se posicionan, irresponsablemente, en la idea de que las inversiones representarán un detonante para el desarrollo de la región, lo cual sólo sería cierto en lo referente al suministro de gas natural si este se ofrece a precios más competitivos.

Socialmente, contra lo que están también manejando los políticos, las plantas de ciclo combinado son las que menos empleos generan. En la que construirá Fermaca se han estimado 400 empleos permanentes que, de ser ciertos, son muy pocos porque gran parte de ellos es personal especializado que vendrá de otros estados, por lo que la generación de empleos para gente de la región debe limitarse a alrededor de 200, a lo máximo. Fermaca, como concesionaria, está haciendo una inversión de máxima rentabilidad, de paso se está adelantando a la explotación de gas natural en el norte de México, algo que ha manejado el gobierno de Coahuila como un importante detonante para la economía del estado, al explotarse la Cuenca de Burgos. Para cuando comience dicha explotación, si comienza, ya estarán terminados los gasoductos que traerán el gas de Waha, Texas, algo que deben estar festejando los ambientalistas, quienes tienen serios motivos para estar preocupados, debido a las nuevas técnicas de extracción de gas por medio del procedimiento de rompimiento de placas en el subsuelo (fracking); un procedimiento económico y rentable pero sumamente cuestionado por los organizaciones que cuidan del medio ambiente.

También en lo social, llama la atención la discrecionalidad y unilateralidad con que el gobierno federal decide lanzar proyectos, sin consultar siquiera a la sociedad regional, ni siquiera a los propios gobiernos estatales, mucho menos a los campesinos que serán afectados, ni a las poblaciones donde se instalarán las plantas, mucho menos a las organizaciones civiles que cuidan del medio ambiente y del desarrollo sustentable.

Como se ha venido previendo por sus críticos, la reforma energética está diseñada para beneficiar, en primer término, a grandes empresas privadas; después el posible abaratamiento de la energía para los usuarios, algo que sólo se sabrá hasta que realmente se aplique, lo que no va a suceder en el actual sexenio. Por supuesto, el capital extranjero se moverá aprisa y sacará la mayor ventaja posible, porque posee el capital y las tecnologías que le permiten adelantarse en todos los proyectos que lance el sector gubernamental mexicano.

Habría que ver los términos de la concesión a 25 años que ha otorgado la CFE a la empresa Farmaca Pipeline El Encino, para que esta invierta más de 2 mil millones de dólares en la planta termoeléctrica y los gasoductos.



Licitación:
http://www.cfe.gob.mx/Licitaciones/Licitaciones/Documents/GasoductoElEncinoLaLaguna.pdf

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