Los salarios del hambre

Mariana trabaja para una nevería BIPS, es soltera, tiene 20 años de edad y vive con sus padres. Su sueldo es de 11 pesos por hora y puede trabajar sólo 7 horas diarias, lo que significa que su salario por día es de tan solo 77 pesos diarios, un poco menos de 500 pesos a la semana. Tiene prestaciones sociales, como IMSS, pero está dentro de lo que se puede considerar como el salario del hambre, un problema social muy grave en la región lagunera, que está orientando su crecimiento hacia el sector de los servicios y el comercio, caracterizados ambos por una política de sueldos que van de lo bajo a lo muy bajo, con todas las consecuencias que ello implica para sus trabajadores, la mayoría de ellos jóvenes de ambos sexos.

Una vez que el problema de la inseguridad ha comenzado a ceder, se ha vuelto a incrementar el crecimiento de la industria restaurantera, pero la política salarial es la misma. En un restaurante de lujo, el sueldo promedio de un trabajador sin cargo es de mil 100 pesos a la decena, lo que hace un sueldo de 3 mil 300 pesos al mes, más las propinas que pueda recabar si trabaja en el área de servicio al cliente como meseros. En un restaurante de cadena y de menor lujo, como el VIPS, el sueldo es solamente de 700 pesos a la quincena, más las propinas que se puedan recabar de los clientes. Hay prestaciones sociales mínimas y no existe ningún otro tipo de estímulos por parte de la empresa.

Mientras el consorcio Soriana crece a un ritmo vertiginoso (acaba de comprar toda la cadena de tiendas nacional Comercial Mexicana), el sueldo de sus trabajadores sin cargo es de pena: un empleado o empleada ordinaria gana apenas 600 pesos en promedio a la semana, más algunas prestaciones y pequeños incentivos, pero si existe algún faltante al momento del corte, en el caso de las cajeras, se les descuenta directamente del sueldo. Es uno de los peores niveles salariales para una empresa de las dimensiones de Soriana, considerada como la cadena comercial más importante de México, después de la trasnacional Wall-Mart, que está apenas un poco arriba en sus políticas salariales, ya que inclusive ha enfrentado presiones salariales en los Estados Unidos de Norteamérica, donde tendrá que hacer una importante inversión este año, para que los casi 500 mil trabajadores que forman parte del gigante comercial ganen por lo menos 8 dólares la hora, que es considerado como el salario mínimo que se puede pagar a un trabajador no calificado en el vecino país.

Muchas veces el glamour de los establecimientos esconde la difícil situación económica que enfrentan sus trabajadores. Una empresa como Sears, propiedad del hombre más rico del mundo (Carlos Slim), paga a un empleado de piso sin cargo apenas mil 500 pesos quincenales, más algunos incentivos y prestaciones que se tienen que ganar los trabajadores esforzándose al máximo en la obtención de niveles de ventas cada vez más altos.

Una cafetería de cierto lujo o de lujo, paga a sus empleados un promedio de 700 a 750 pesos por semana, ofrece prestaciones y el resto de los ingresos proviene de las propinas que dejen los clientes.


BAJOS SALARIOS Y POBREZA

Los bajos salarios se convierten en una forma permanente de pobreza, al no cubrir ni las necesidades mínimas de bienestar de una familia, aun cuando dos o más de sus integrantes desempeñen un trabajo.

En los Estados Unidos el salario mínimo es de 8 dólares la hora, en trabajos para los cuales no se requiere ninguna calificación profesional, aunque sí, muchas veces, el dominio de algún oficio. Si el trabajador norteamericano trabaja 48 horas a la semana, percibe un promedio de 5 mil 760 pesos semanales, al tipo de cambio actual de 15 pesos por cada dólar. El sueldo mensual es entonces de 23 mil 40 pesos, un nivel que muy pocos profesionistas y mandos medios alcanzan a percibir en las empresas mexicanas.

Como se puede apreciar en el sondeo que se realizó en diferentes empleos no calificados, en las áreas de comercio y servicios de la comarca  lagunera, el salario real es casi 10 veces menor, lo que es muy crítico en términos de bienestar social, ya que limita la capacidad de consumo de bienes y el acceso a servicios por parte de los trabajadores, creando una situación crónica de pobreza.

Basta hacer un recorrido por el precio de los artículos de consumo más comunes para apreciar lo bajo de los salarios del mercado regional. Un kilo de tortillas cuesta 13 pesos, si una familia consumiera apenas medio kilo diario, le implica una erogación de 195 pesos mensuales. El transporte público cuesta 9 pesos. Un trabajador toma en promedio cuatro camiones diariamente, lo que le significa un gasto de 36 pesos diarios, que hacen un total de 900 pesos mensuales por 25 días de uso. Un refresco de botella cuesta 6 pesos y en botella de plástico 10 pesos con 50 centavos, si se consume uno diario al mes representan 315 pesos. Un pan de azúcar vale 6 pesos, si una familia consume cuatro panes diarios, lo que es muy poco, el gasto mensual asciende a 720 pesos. Tan solo en estos pocos productos y servicios básicos el gasto mensual alcanza los 2 mil 130 pesos, equivalentes al sueldo de la mayoría de los trabajadores referidos.

No es de extrañar que casi la mitad del país viva en condiciones de pobreza; que la clase media sea muy reducida para las características de la economía del país, y que además se encuentre estancada y, para vergüenza social, que la riqueza nacional esté sobre concentrada en tan solo el 5 por ciento de sus habitantes, aunque en términos objetivos se podría considerar que lo fuerte de los capitales está en manos de alrededor de 500 familias, de las cuales un alto porcentaje vive en el extranjero, aunque mantenga sus negocios en México.

La región lagunera tiene una sobre concentración de la riqueza muy semejante a la media nacional, al darse un empobrecimiento de las clases medias debido a las crisis económicas recurrentes.
Ir a la informalidad es un recurso por el cual está optando una cantidad cada vez más grande de jóvenes y de trabajadores de todas las edades. Un bolero cobra 20 pesos por cada aseo de zapatos, si tiene 10 clientes al día, que es un cálculo muy conservador para quienes están establecidos en plazas públicas y sitios concurridos, puede ingresar casi 5 mil pesos mensuales si solo trabaja 6 días de la semana. Un auxiliar de cerrajería, quien no tiene ninguna prestación social, puede alcanzar hasta los 6 mil pesos mensuales. Un taxista, que tampoco tiene prestaciones, si trabaja ocho horas diarias gana un promedio de 500 pesos diarios, contabilizando los días “buenos” y “malos”, y los hay por miles, en lo que es una de las empresas informales de servicios más grandes de la región.

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