Autopsia del desempleo en La Laguna

Por: Tania Díaz Chávez

A partir del año 2000 la reestructuración del capital a escala global significó la desvalorización del trabajo en el mundo al disminuir los salarios, desemplear a los trabajadores, precarizar el empleo y cancelar de manera progresiva las políticas de desarrollo social; además de colocar a los trabajadores de México dentro de los peor remunerados y más pobres del mundo. La Comarca Lagunera, por supuesto, obedeció a este panorama.

Mencionamos lo anterior como ejemplo de lo que sucede cuando la economía local depende de la inversión extranjera y conlleva el riesgo de que cuando las características de la región ya no sean “las ideales” (mano de obra barata -amplia contratación femenina-, legislación flexible -gozan de un régimen fiscal de excepción lo cual les permite importar insumos sin pagar aranceles y exportar pagando solamente un arancel que fue agregado en México- lo mismo con las leyes medioambientales) éstas empresas internacionales en el afán de “aprovechar las ventajas competitivas” se mudarán, tal como comenzó a suceder hace aproximadamente 8 años, cuando gran parte de la industria maquiladora (textil sobre todo) migró principalmente a países en el Sur de Asia y a China donde se pagan salarios más bajos.

Para sobrevivir, los trabajadores mexicanos no sólo se han empleado en la economía informal, actividades del subempleo (vendedores ambulantes, 'cuidadores de carros' en las calles, etc.) o han aumentado sus niveles de emigración a EU, sino que han tenido que cambiar incluso sus hábitos alimenticios, trabajar horas extras o varias jornadas muchas veces, regresar al pago por destajo; se han visto obligados a realizar trabajos a domicilio; han tenido que contratarse sin ninguna prestación de ley a la que tienen derecho; han tenido que emplearse mediante la contratación temporal y verbal; y cada vez más mujeres, jóvenes y niños trabajan por aumentar el ingreso familiar (Comas, 2002). En México podemos decir que la entrada de empresas transnacionales ha acabado con muchos de los pequeños negocios familiares, el uso de tecnología en algunas empresas ha desplazado a los trabajadores en varios sectores manufactureros.

En la Comarca Lagunera el cierre masivo de maquiladoras y la crisis económica mundial del 2008, afectó de sobremanera las condiciones de empleo en la región, aquí entra el concepto de “desempleo estructural” que corresponde a un desajuste entre oferta y demanda de trabajadores, y al haber más demanda de empleo que oferta, las empresas estaban en posición no sólo de seleccionar al candidato más calificado sino de imponer sus condiciones (sueldos bajos, jornadas extensas sin pago, etc.) y se daban el lujo de decir: “si te interesa; si no, allá afuera hay una larga fila de personas que quieren tu puesto”, y los trabajadores ante la necesidad, aceptaban cualquier situación por más injusta que fuera.
Ésta situación recrudeció por las terribles circunstancias de inseguridad que ya todos conocemos, proliferó el terror en todos los aspectos, el crimen organizado ya no impactaba sólo en la percepción y el miedo, sino que lo hacía directamente al cobrar cuotas y derecho de piso, robo, asalto; extorsión en todos los negocios, comercios, tianguis, industrias, comercio informal; hasta los puestos de gorditas eran víctimas de la pugna de cárteles y la inoperancia (por negligencia o por complicidad) de las autoridades. Y lógicamente los más afectados, fueron los más vulnerables, los micro y pequeños negocios, los que tienen menos posibilidades de competir, de pactar, de suspender. Así como también la clase trabajadora que perdía su única fuente de ingresos al ser despedida. Los pobres se convirtieron en la carne de cañón que era reclutada por el crimen organizado; dejando en desamparo a hijos, cónyugues, padres y madres, sin el sostén económico de su familia. En un contexto de libre mercado, se suma a la crisis de las masas asalariadas la de las medianas y pequeñas empresas que no logran adaptar su respuesta a las crisis cíclicas del sistema capitalista en la que sólo los grandes conglomerados empresariales -holdings- pueden funcionar. La economía y la situación en la región eran insostenible. Si bien la región no tiene una identidad productiva bien definida, ya que su economía se apoya tanto en servicios, industria y comercio, todos los sectores económicos fueron impactados por la inseguridad.

Esta situación ha variado un poco al menos superficialmente, sigue la pugna de cárteles y los asesinatos, pero la estrategia es distinta: ya no es masiva, evidente, ruidosa, la batalla ya no implica extorsiones a negocios, etc. Con ello la percepción ha cambiado, también la economía en el sector servicios y un poco el comercio. Pero no se ha modificado el fondo, no se ha fortalecido la economía interna y seguimos a expensas de las inversiones extranjeras y la región sin una clara y fortalecida identidad productiva.

Prevalecen aspectos relacionados con la CALIDAD del empleo; la Reforma laboral sólo vino a oficializar una situación que ya se venía dando desde algunos años. Con la generalización de las empresas Outsourcing , que vienen a dar flexibilidad o adelgazar los derechos laborales, con los contratos temporales, la posibilidad de eximirse del pago de utilidades, etc. Ésta reforma laboral tampoco ha conseguido regular a las anómalas empresas de servicios de limpieza y de seguridad (por mencionar un algunas), que suman numerosas quejas por no cumplir servicio médico, pago de horas extras, cuotas de vivienda, abundan despidos injustificados, obligar a firmar pagarés o contratos en blanco, etc. aunado a prácticas mañosas y la explotación laboral de  parte empresas consolidadas o de renombre en la región, extranjeras y mexicanas. A eso sumamos un cultura laboral alejada de toda legalidad en términos de discriminación y exclusión, el reclamo más común de ciertos sectores de población desempleada es el estricto perfil de las vacantes; rangos de edad entre los 25-35 que excluyen a los más jóvenes y a los más viejos. Las personas en rango de 45-60 padecen un martirio que los tiene en el limbo porque ya no son empleables debido a los riesgos de trabajo que podrían significar a las empresas, así como por la baja productividad que en teoría representa su edad. Otro grupo vulnerable son las personas con discapacidad, que encuentran en el prejuicio y la ignorancia de los empleadores a su mayor enemigo. Lo mismo pasa con el otro sector en desventaja; las mujeres, a quienes a pesar de las leyes, se les sigue pidiendo prueba de embarazo, y su estado civil o condición de madres sigue influyendo en su contratación. Todos esos aspectos son elementos que generalmente no entran en las estadísticas oficiales de desempleo, o que no hacen mucho ruido en los informes, publicaciones mediáticas, etc.

Por otro lado, existen algunas empresas que durante un largo período “han sostenido” una parte importante del empleo en la región, como por ejemplo LALA o Peñoles. Sin embargo, eso nos lleva a otra gran desventaja: lo han hecho a costa de los recursos naturales, del medio ambiente y la salud de los habitantes, porque el gobierno e incluso grandes sectores de la población, dan prioridad a los “aportes económicos y productivos” que pueden generar esas empresas, por encima de la salud, la vida y el respeto a la naturaleza. La sociedad en general privilegia o prioriza la existencia de dichas actividades económicas a costa de los perjuicios mencionados, unos por defender su riqueza y otros (la clase trabajadora) por defender sus empleos, que aunque precarios, les permiten sobrevivir.
Mientras que las cifras actuales indican una leve mejoría en la reducción de las tazas de desocupación, se ven así sólo si se comparan con el 2009. Aun así, los datos oficiales no son muy alentadores. Incluso no hay consenso en las cifras: en Febrero 2015 el secretario de Desarrollo Económico de Coahuila, Antonio Gutiérrez Jardón, reiteró que, según el IMSS, Coahuila está por debajo de la media nacional en materia de desocupación, al registrar en diciembre de 2014 un 4.8% contra 5.2% la media nacional. Sin embargo, no coincide con el reporte que emite la Secretaría del Trabajo y Previsión Social a nivel federal en el que precisan que la media nacional es de 3.8, mientras que el nivel de desocupación en la entidad es de 5.2. Lo cual va más acorde con los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo que realiza el INEGI, en diciembre del año pasado; Coahuila y Durango se ubicaron en los puestos 7 y 4 en la séptima Tasa de Desocupación más alta en el País, con una tasa de 5.22% y 5.58% respectivamente.

Ya que, como mencionábamos, la variante en ciertas cifras no implica un cambio profundo o suficiente, si no sólo de forma. Si analizamos la realidad ubicándola en la estructura económica global y vemos qué lugar ocupa en ella. Tenemos que la actividad económica de la región es sólo mano de obra barata, sin inversión tecnológica, de investigación, sin apoyo a la producción y comercialización local. Las autoridades invierten en viajes tratando de promover la región, pero seguiremos siendo maquileros, con bajos ingresos porque aquí se produce lo primario, que luego regresa transformado y venderse más caro… Y ésa es la dinámica histórica que se ha recrudecido con el modelo neoliberal.
Se informa que ha mejorado la situación de formalidad por la estadísticas de registros en el IMSS, pero cuántas de esas personas fueron dados de baja a los 3 o 4 meses para evitar que generen antigüedad.

El sistema educativo es otro factor de influencia, mucho se dice que no empata el perfil de egresados con los requerimientos empresariales. Las escuelas siguen arrojando cientos y miles de egresados, algunos serán contratados en otros países para investigación (fuga de cerebros) pero la mayor parte terminarán en el desempleo o con empleos para los que no estudiaron.

Aunque la desigualdad, pobreza o explotación laboral, son inherentes al capitalismo, si vemos lejana la posibilidad de un cambio en el sistema económico, existen alternativas que pueden paliar o suavizar esa realidad de injusticia. Resulta más factible hacer frente al modelo neoliberal si se implementan y dirigen ciertas políticas públicas, planeación financiera, programas socioeconómicos, que atenúen éstas desigualdades al fortalecer la economía interna, aplicar las leyes en materia de derechos laborales a favor del asalariado y en contra de prácticas monopólicas y ventajosas de las grandes empresas, como la exención de impuestos, por mencionar sólo un ejemplo. Sin embargo, el rumbo de las decisiones se ha ido orientando otro camino, dejar todo en manos del capital privado, y la cada vez menos participación del Estado en la regulación de las prácticas y condiciones que se derivan en injusticia y desigualdad. Hace parecer que la poca participación del Gobierno está más orientada a proteger los intereses y administrar la riqueza de unos cuantos, a costa del resto de la población.

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