Rock en el desierto

Y quedé en este desierto árido que se ha tragado todos mis recuerdos musicales, mis viejos juguetes, el cine, la Morelos, los discos de 45 y 33 revoluciones, las viejas discotecas, mi enorme colección de cuentos de la editorial Novaro y esa majestuosa, incomparable y  única década de los setenta. Así era el rock en el desierto lagunero, cuando ardía como el sol vengativo, cuando la cumbia y el cardenche de moda aún no nos invadían para llevarse el buen rock de los bailes y las cantinas, aquellas donde reinábamos los roqueros.

Por: Francisco Zamora


Eran los 70’s. Todo era bonanza. La Comarca Lagunera se daba un respiro de tranquilidad y prosperidad. Fue  la época del algodón y de la uva, de la Feria en la Alameda, luego en el Estadio Revolución y después en el rastro municipal;  hasta allí, la entrada fue gratuita. La zona de tolerancia habría sus piernas de día y de noche para recibir a miles de comensales a disfrutar del baile, sus tortillones y las caricias de acero de las damiselas. La radio fue incomparable, transmitían buen rock, la Pantera desde San Pedro de las Colonias Coahuila, Radio Éxitos en Torreón, y la excelente Divertida desde el corazón de Gómez Palacio.

Estas radiodifusoras bombardeaban con éxitos de rock, en esos tiempos Beatles, Pink Floyd, Doors, Queen, Grand Funk, Black Sabbath, Deep Purple, Led Zeppelin, y también daban crédito a bandas nacionales: Enigma, Ciruela, Toncho Pilatos, Náhuatl, La Revolución de Emiliano Zapata, El Ritual, Three Souls in my mind, Bandido, Dug Dugs y todos los que hacían ese estilo musical. Cómo olvidar “Bajo el signo de acuario” de Enigma, ”Father” de Ciruela, “Machismo” y el “Hongo” de  Náhuatl, “Nasty Sex” de La Revolucion de Emiliano Zapata, “Smoog”, “Al diablo la gente” y “Cambia cambia” de los Dug Dugs, y “La Última danza” y “Tommy Liz” de Toncho Pilatos, originarios de los Altos de Jalisco. Todas esas rolas las ponía la Divertida a través de su único y polifacético locutor, Homero Contreras Reyna.

Sin embargo, la Comarca Lagunera se vistió de gloria al nacer excelentes agrupaciones que desfilaron en la escena del rock comarcano; bandas que dieron vida, sangre y corazón a las graduaciones de las preparatorias. En Lerdo estaban Los Cousins y La Constelación, virtuosos músicos con material de la época y canciones originales. En Gómez Palacio estaba lo grueso del sonido setentero, Los Go Pa Du, El Fuego, La Banda, El Gremio, La Misión Pop y Embrión, cada grupo poseía un sonido definido. Había quienes traían coristas como La Misión Pop, y canciones originales, ninguno fue mas allá, se conformaron con tocadas y presentaciones en sus localidades, algunos miembros de esas bandas se refugiaron en Juárez y El Paso, Texas, donde hicieron carrera en agrupaciones de música popular. Fue un desafío entre las tres ciudades, Lerdo, Gómez y Torreón; todos querían ser los mejores y los más escuchados, había rivalidad y egocentrismo pero se disfrutaba escuchar a cada agrupación; algunos emigraron a Juárez, Chihuahua para luego consagrarse en los EEUU y hacer un desempeño ideal.
En Gómez se escuchaba buen rock; allí estaba la estación Divertida para apadrinar y dar la bendición a cargo de su locutor estrella. En Torreón reinaban los acordes de Eutherpe, La Conección, Speed, Funeral Eléctrico, Elastic Pillow, Hiena y  La Cabaña de Queso, que mostraban atuendos y luces; los cóvers eran ejecutados con brillantez, y muy parecidos a lo original. Todas bandas hoy extintas, tocaron en graduaciones, fiestas y presentaciones privadas, pues el gobierno siempre puso trabas para apoyar el rock, argumentando que era delincuencia, drogadicción y promiscuidad; que marigüanos, que rateros, que delincuentes. En fin, nunca se apoyó debidamente. Sucedía que  no había mucha cumbia,  no lo que hoy es. El rock era escuchado y era bailado. Por ejemplo: un día me llevaron casi de la mano, pues yo tenía 7 años, al Casino Leonístico, en Torreón; era la graduación de la Preparatoria Venustiano Carranza (la PVC); estaba yo muy emocionado, abrió El Gremio, luego La Conección de Julio Amador y terminó Toncho Pilatos, de Guadalajara, que era la banda estelar. Todo iba en aparente calma, hasta que entró Pilatos con su rola “La última danza” y toda la raza se puso a danzar en medio de una inmensa fumarola de humos verdes, densidad y profundidad al ritmo de liras distorsionadas y gritos del dios Kukulkán que terminó en una espectacular bronca, volaban mesas y sillas y yo risa y risa debajo de una mesa. Al día siguiente salí corriendo a Gonher a comprar el Lp de Toncho Pilatos. De la serie Rock Power.

Entonces vi un panorama distinto a la música popular, comercial: no eran esas baladas melosas y cursis, no era esa cumbia tronadora, guapachosa y calenturienta. Era el rock, que mueve la sangre, la tierra y este desierto. Este desierto dio a luz a dos grupazos, dos que llegaron a la popularidad del hit parade y de Notitas Musicales, las revistas ya desaparecidas Conecte, México Canta, Dimensión y Sonido. La primera banda eran los Golden Stones, de Torreón; enormes, excepcionales, músicos profesionales y dedicados con amor hacia lo que la gente quería: quería rock. Con los hermanos Galindo al mando, y la enorme voz de José Luis (Mr. Gordon), tuve el honor y privilegio de verlos en vivo en el Jardín de los Cipreses, en la Plaza de Toros y en el Club Sertoma. Los Golden Stones tenían un fino repertorio muy estadunidense, por ejemplo: Chicago, Tower of Power, Mandril, War, Blood, Sweat and Tears, Santana, Steely Dan, Malo, Three dog night, etc. Un repertorio más hacia el Jazz, el Blues, el Soul y la música de color, funk o gorila. Recuerdo sus amplificadores Custom acolchonados y de color rojo, una enorme y policromada batería Ludwig roja al centro, rodeada de ocho platillos dorados de distintos tamaños. Los covers a la perfección, los originales con un sentido un tanto agabachado. Los Golden llegaron al Hit Parade con la canción “El baile del Kung Fu” del señor Tom Jones. Los Golden dejaron un gran legado musical a las siguientes generaciones. El miembro de Los Golden, Antonio Santos ”Santa”, primero formó parte de la Comparsa Universitaria de La Laguna, grupo que pegó con el tema “El Pájaro Prieto”, que se grabara en los estudios de Hollywood en los 70’s; Santa después se integra a Los Pandavas, banda de baile y tradición en la Comarca Lagunera.

La Rezzaca
En los 90’s tengo el honor de formar una banda local con él, para un bar llamado “Elvira” en el corazón de la Morelos,  Hotel Palacio Real, antes Hotel Elvira. Santa en la guitarra, Javier Márquez el “Cholo” al bajo, Carlos Sotomayor -quien también formara parte de los Golden- en el teclado; una chica gomezpalatina de voz cálida y buen inglés, Gabriela Morquecho, el gran Vicente en las percusiones -un tipo rudo y amoroso que venía del Cerro de la Cruz- y por supuesto, un servidor en la bataca. La banda se llamó La Rezzaca, bautizada por el encargado, Jesús Dovalí. La Rezzaca abarrotó el lugar con éxitos de los 70’s, 80’s y 90’s, tuvimos llenos totales y un reinado de aproximadamente  6 años.

El bar se mecía atiborrado de gente de todos los tamaños y colores, se tocaba de miércoles a sábado desde las 9 de la noche hasta las 2 de la madrugada, pero las balaceras del dos mil y sus malandrerías hicieron que ese y otros lugares más en la Comarca Lagunera, cerraran para siempre. El Bar Elvira fue el último soplo de rock en la Comarca.

Fragua.
En los 90’s surge Fragua, banda de rock duro, disco realizado en los estudios Digi Music, en Fresnillo, Zacatecas. El disco naufragó sin respuesta esperada gracias a los inadecuados manejos de la producción; ocho temas de buen rock y una canción instrumental de mi autoría -ya que yo formaba parte de la banda- llamada Reseña, la cual por cierto fue rúbrica del programa deportivo llamado también “Reseña” transmitido por el canal 9, con Abdón Garza y Rafael Rossel en sus inicios. Pero la banda tuvo un sonido y difusión en la localidad, Guadalajara y el Distrito Federal; fue lo más representativo del Heavy Metal torreonense. Hubo presentaciones en la disco La Rosa y el Auditorio Municipal, como teloneros de la banda de Rock del defiéndete, El Tri, en su primera visita a la Laguna. Fragua se llevó llenos totales en los auditorios, plazas y teatros de la ciudad. La original alineación estuvo a cargo de Roberto Alcaraz en la voz, David Márquez en la guitarra, Alejandro de la Cruz en la segunda guitarra, Francisco Rosales en el bajo y yo en la batería. Seguí con la banda hasta el ‘93, luego abandoné la agrupación en ese año para entrar como director de La Rezzaca y claudicar en el ‘98.

Pero bueno, sigamos en la ruta del desierto en los 70’s, en esta misma ciudad se yergue un legado de músicos a la perfección, un demoledor sonido con ganas de crecer entre los grandes de verdad.


LA FÓRMULA

Elías Ruiz, excelente compositor y músico, rodeado de otros extraordinarios músicos como su hermano Samuel Ruiz quien también perteneciera a la banda. La Fórmula dio un giro al ambiente musical en los 70’s, realizó giras a nivel nacional y obtuvo un único hijo, un disco de larga duración bajo el sello Phillips, sin duda el disco caminó, se vendió y no hubo respuesta de la disquera, pues en esos tiempos era difícil obtener ganancias o regalías. El rock era marginado, alejado, callado, desmembrado. Todo aquel héroe musical que quería atravesar el umbral de la escena musical, tenía que venderse o morir, y miles morimos en ese intento fallido. La Fórmula hizo vibrar a miles, súper banda con temas de Jethro Tull y todo el arsenal de rock setentero; sonó en los barrios bajos como en las alturas, después Elías desintegró la banda para formular a Elías Ruiz y sus Comanches, esto ya con la aparición de la música popular comercial, pues la Cumbia ya estaba haciendo estragos en los corazones de las mujeres fatales, choferes, vendedores de lonches de queso de puerco, la Morelos, carniceros y todas las caderas bailadoras de la gran Zona de Tolerancia. La Fórmula dejó el legado para Tropicalísmo Apache y Lobo. La cumbia llegó para quedarse, para siempre, fue más que moda, más que un fenómeno, llegó La pollera colorá y Que le mate el pollo, y se mató cada ilusión rockera, pues todas las bandas tuvieron que vender su imagen genuina y rebelde ante lo barato, desechable y vendible, como el papel sanitario, úsese y tírese. Así la vida pasa como el almanaque, sin dejarnos nada, se va y se va como la bola de beis.

Antes de que se me acabe mi trago tengo que hablar de los impostores y mentirosos cómodos del Rock: casi llegando a los 70’s surgen como una plaga de cucarachas inmunes al veneno, Los Teen Tops, Los Locos Del Ritmo, Los Hooligans, Los Camisas Negras, Enrique Guzmán, Alberto Vázquez, César Costa, la bizca Julissa, y la espantosa novia de México, Angélica María  de la mano de Johnny Laboriel. Todos una gran farsa de la música y del acoplamiento en las letras; todas las canciones eran covers mal hechos y cambiaban el contenido de las letras, las originales fueron de Elvis Presley, Little Richard, Chuck Berry, y todos los héroes sesenteros que habían hecho carrera desde los 50’s. Esto cambió la manera de pensar de nuestro país, esos impostores del rock and roll  se metieron en las fotonovelas, más tarde  llegaron las Tevenovelas, El Chavo del Ocho y la mentira actual musical.

La música es un regalo de la naturaleza, ¿por qué joderla con música de Banda que habla de narcos y balas? Una pésima lírica y un derroche de doble sentido para acaparar el gusto de la raza hoy en día.
El tiempo se lo ha tragado todo, ya no se escuchan los bailes y las tardeadas disco, ya  algunos de mis amigos músicos se fueron a dormir para siempre, ellos  le dieron gusto y  brillo a los bailes, conciertos, y a este pueblo que hoy se hunde en la pobreza cultural.

El maldito tiempo y sus brazos se han llevado el  rock de la  radio, la lucha libre,  mis programas favoritos de televisión, mis juguetes de acero, las riquísimas pingüicas con chile y limón, y mis grupos de rock,  todo se fue al baúl de los recuerdos, al sarcófago de la memoria; sé que no volverá, pero, aun huelo, siento y escucho el sonido de esas vidas, aun veo la raza correr en Raymundo Beach buscando la flauta de Armando Nava de los Dug Dugs cuando se la robaron en ese festival, un Avándaro lagunero del ’72, o también aquel sábado cuando se presentó The Revolution de Ciudad Juárez, tocando puro Led Zeppelin en el Tec de La Laguna, o cuando vino por primera vez a Torreón desde Londres a La Plaza de Toros, Christie, banda que tocara un tema que hasta la fecha se oye: Yellow River. Huelo y veo todo, y lo dejo en estos deseos de espuma y desiertos de rock.

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