¿Quién les pidió el aborto?

#OPINIÓN

Por: Cecilia Romero

Durante las últimas semanas ha surgido en Coahuila un movimiento de oposición a la intención del gobierno de Coahuila por despenalizar el aborto. Los inconformes manifiestan que la intención de legislar sobre el tema es, como muchos otros temas, la iniciativa personal de quienes están en el poder, no la petición de sectores amplios de la sociedad coahuilense, lo que es una tendencia en las políticas que está siguiendo el Congreso del Estado, instancia dócil a las indicaciones del ejecutivo.

Sin duda es muy polémica la aplicación de penas en contra de mujeres que abortan por iniciativa personal, quienes pueden encontrarse en condiciones sumamente precarias, tanto física como moral y socialmente, pero por otra parte la obligación de la medicina y de la sociedad en su conjunto no puede eludir el tema de la defensa de la vida, como un principio fundamental del ser humano.

Lo más cómodo es despenalizar el aborto y dejar la puerta abierta a su práctica, la que será rechazada por la mayoría de los profesionales de la medicina. Lo difícil es promover políticas de prevención y de asistencia social a madres desprotegidas y en condiciones de riesgo. Como mujer puedo afirmar que no es fácil, bajo ciertas condiciones, adoptar una posición de responsabilidad ante la maternidad, que va precedida de un ejercicio responsable de la sexualidad, algo que sólo se da a través de la educación familiar. No conozco ninguna mujer que esté en la cárcel por haberse practicado un aborto y, por el contrario, sí conozco a muchas mujeres que han tomado la decisión de abortar por muy diversos motivos, entre los que puedo mencionar la pobreza, las malas relaciones de pareja, la ignorancia, el egoísmo, la irresponsabilidad y la desesperación en circunstancias de abandono.

Por lo que he podido percibir en todos esos casos que conozco, detrás de una mujer que aborta hay alguien que ha ejercido de forma irresponsable o ignorante  su sexualidad. Y eso es lo que me parece más difícil, sobre todo entre los jóvenes, el aprender a hacer un ejercicio responsable de su sexualidad. El aborto, practicado en condiciones precarias, es riesgosísimo, pero aún practicado bajo condiciones médicas profesionales, conlleva un gran riesgo físico y deja, ordinariamente, un daño moral y psicológico, porque la maternidad es uno de los instintos fundamentales de la mujer.

Se puede legalizar el aborto, e inclusive el estado puede poner a disposición de las mujeres clínicas especializadas en su práctica –algo que no está haciendo-, pero eso no resolverá de manera responsable el problema del ejercicio equivocado de la sexualidad de la mujer y del hombre. La obligación básica es de las familias, pero el estado debe contribuir con programas educativos y asistenciales que disminuyan el embarazo no deseado. La maternidad es uno de los actos más grandiosos del ser humano, además de representar la preservación de la especie. Conozco pocos actos que den una felicidad y realización que se pueda comparar con el de gestar y parir a un ser humano, gracias a lo cual existimos todos quienes estamos en este mundo.

Es fácil legislar: sólo basta mandar una indicación al inoperante Congreso del Estado para que un abogado redacte técnicamente un documento, el cual será superficialmente discutido, en el mejor de los casos, y aprobado por políticos que ejercen como legisladores, a partir de las más diversas formaciones y dudosas capacidades profesionales. Estamos en un país con un poder legislativo dependiente, el cual se la pasa generando leyes y más leyes, la mayoría de las cuales ni siquiera llegan a implementarse, porque no tienen un respaldo social amplio; porque no se discuten de manera responsable y porque el estado no tiene la capacidad de hacerlas cumplir.

Tienen razón quienes se oponen a la legalización del aborto cuando cuestionan los consensos sociales con los que se elaboran iniciativas. Es algo parecido a la tontería de tratar de resolver el problema de los bajos salarios aumentando, por ley, el salario mínimo, un referente que ningún empresario grande, mediano o muy pequeño utiliza. El salario mínimo oficial sirve como referencia para cobrar cuotas del IMSS, del INFONAVIT, fijar sanciones judiciales, implementar multas de tránsito o de cualquier otro tipo, en fin, para muchas cosas, menos para fijar los salarios reales de los trabajadores. Tener altos o bajos salarios depende de toda una serie de factores de carácter económico, pero lo fácil es determinar por medio de una ley que suba el salario mínimo y con ello está resuelto el problema, cuando puede pasar exactamente lo contrario: que el aumento oficial al salario mínimo vaya en contra de la economía de los ciudadanos.

Una iniciativa de ley debería ser consensuada de forma amplia entre la sociedad civil, debería ser sujeta a un debate público, consultada por un periodo de tiempo suficiente, y sólo después discutida al interior del Congreso para su aprobación o rechazo. Una vez aprobada una ley puede requerir de toda una serie de acciones por parte del Estado y de la sociedad en su conjunto, implica inclusive  comprometer recursos públicos para el propósito, además del respaldo privado, de otro modo, aun cuando dicha ley fuera positiva puede convertirse en letra muerta, como tantas leyes existen.

En teoría estamos representados por los diputados, pero no hay figura más desacreditada y desvinculada de la sociedad civil que la de un diputado ¿Conoce usted quien es el diputado por su distrito? ¿Ha dialogado con él en alguna ocasión o conoce su idiosincrasia en temas fundamentales? Lo común es que después de la elección un diputado nunca regrese a su distrito, a menos que busque otro cargo de representación y necesite nuevamente el voto de los ciudadanos.

¿Cómo legislan entonces estos diputados si no están en relación estrecha con la sociedad? Lo más común es que legislen atendiendo a las indicaciones que se les da desde sus partidos políticos, en el caso de las oposiciones, pero en el caso de la mayoría que compone  la legislatura, lo hacen por las indicaciones que reciban del poder ejecutivo. Si éste dice votas, ellos votan y aprueban leyes de todo tipo, tengan o no tengan respaldo social. RC



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